Princesas, insectos, maletas y el último niño del mundo

por Sep 21, 2022Bitácora0 Comentarios

Es viernes 16 de septiembre. Nos situamos a la entrada de los jardines del Palacio del Infantado de Guadalajara. Un gran cartel de lona nos anuncian todas las actividades que durante los próximos tres días llenarán el programa de Titiriguada.

Bea, una de las voluntarias -una titiriobrera, en el argot- se afana en colocar carteles improvisados con algunas modificaciones en el horario: “Si no hubiera cambios de última hora, esto no sería Titiriguada”, confiesa entre risas.

Al fondo, vemos una curiosa instalación con sillas colgantes a la que nos acercaremos más veces durante el fin de semana. A nuestra izquierda, siguiendo una imaginaria espina dorsal, tenemos a nuestra mano zurda un gran número de carpas donde artesanos, libreros y otros artistas aún están colocando sus obras. El alcalde, Alberto Rojo, que no tardará en aparecer, promete que al año que viene las arcadas del palacio, hoy en obras, lucirán sus mejores galas. Le tomamos la palabra.

A la diestra, en seguida nos asomamos a la balconada que da a la antigua fuente (hoy seca y bastante maltrecha) para ver cientos de sillas desplegadas frente a una gran carpa que acoge el escenario principal. La ubicación queda en el lado opuesto al del año pasado: se ha ganado amplitud, y espacio.

Banderines y otros adornos van haciendo acogedor el paseo. Rebasamos el Chupa Grifos Bar de Títeres, una barra de bar a la que sin duda acudiremos más de una vez ante un fin de semana que se prevé caluroso, hasta llegar hasta donde se sitúan “los de la tierra”: agricultores y hortelanos de aquí y de allí que nos traen sus mejores productos, del campo a la mesa. Como con los artesanos, hablaremos con ellos más adelante. Antes queremos reconocer el terreno.

Frente a nosotros, se alza una pequeña y coqueta, pero a la vez bellísima instalación. Es el “Edén” un auditorio desmontable de madera recién llegada de Francia. Acogerá el cabaret del mismo nombre y algún espectáculo más.

Dejando el Edén y la plazuela a nuestra espalda, se situarán un pequeño puesto de peluquería, un tercer y pequeño escenario para acoger el espectáculo de la compañía Articulario y un par de zonas para los talleres de títeres y de arqueología.

Ya son las once de la mañana.

La gran fiesta final de Titiriguada 2022 no ha hecho más que empezar.

Para repetir.

Los tres primeros espectáculos del escenario principal son tres propuestas que algunos escolares han podido ver y disfrutar en los días previos con el colegio. Una excelente manera para poder descubrirlos quienes entonces no pudieron verlos o para que niños y niñas puedan ahora compartirlos con sus familiares.

Títeres y cultura andina con ‘La princesa… o según cómo se mire’. Tradiciones y personajes del mundo ‘A la carta’. Y bichos de todo tipo, tamaño y condición, pero indiscutiblemente maravillosos, que pueblan ‘El circo de los insectos’. Tres shows de títeres de guante, hilo o combinando entre ellos que han llegado desde Teruel (Proyecto Caravana), Perú (José Navarro) o Reino Unido (String Theatre).

(El nuestro) Es un espectáculo creado en el año 2016, en residencia artística en La Casa de Los Títeres de Abizanda, Huesca”, nos cuenta Josebi, de Proyecto Caravana, “inspirado en la cultura andina donde hablamos del derecho al juego, utilizando todos los arquetipos de la mitología andina como son los mais de la selva, las llamas y todo ese universo que lo compone”.

Esta obra que he traído particularmente para Guadalajara, que se llama ‘A la carta’, es muy versátil, porque se pueden elegir [sobre la marcha] los actos, acomodarte a los distintos espacios, acortar, extender… dependiendo del requerimiento del festival, del evento.” Una mezcla de tópicos, artes y técnicas que José Navarro domina con maestría, tal y como volverá a demostrarnos el sábado con un segundo espectáculo, ‘Visiones amazónicas’.

Es una producción que creamos en 2013 y estuvo de gira en muchas partes del mundo”, nos presenta Soledad Zárate. Como String Theatre, “Hace mucho que queríamos venir aquí, a Guadalajara, con ‘El circo de los insectos’, y estamos muy agradecidos de haber podido venir.” Sus compañeros Alfonso de Lázaro y Raúl García confiesan que ellos “solo llevamos medio año [con este espectáculo] por diferentes sitios de la penísula y de fuera, y la verdad es que estamos muy contentos, creo que funciona muy bien, que gusta el espectáculo, así que… ¿qué más podemos pedir?” Si algo tienen en común estas tres propuestas, aparte del aplauso unánime de niños y mayores, es la exquisitez de sus títeres, todos ellos de fabricación propia.

Descubrir con nuestras manos.

Lourdes, o la Yaya Lou, como le llaman cariñosamente, ya tiene un montón de peques inquietos alrededor de su mesa, donde todos los elementos para crear marionetas ya están preparados. Un taller que, desde hace 17 años, ha llevado por pueblos, plazas y fiestas de toda España, despertando un gran entusiasmo. “Los ayuntamientos vieron las marionetas que yo hacía, muy sencillas, muy graciosas, porque cada uno le da su propia personalidad, los niños se lo pasan pipa, porque es tan sencillo, tan bonito, y la gracia que cada uno, su cariño… que cada niño se va con una marioneta que es para el algo importante”. Esta alegría es contagiosa en sus palabras, en sus gestos y en su mirada. Y razón no le falta a su argumento: durante todo el fin de semana, raro será ver a algún niño o niña sin su propia marioneta del taller de Yaya Lou. Le acompañan sus hijas, que “ya participaron conmigo hace años, y juntas seguimos haciendo el taller de marionetas”. Bolas de plástico, varas de madera, retales de distintos colores y formas y mucha alegría, cariño e imaginación son los ingredientes de una actividad que ha sido todo un éxito.

No le ha andado lejos, en popularidad y entusiasmo, el taller de arqueología experimental que ha traído De la Roca al Metal, que, como el taller de Yaya Lou, estará todo el fin de semana en Titiriguada. “Hemos traído una actividad que está basada en una investigación de un compañero sobre la tecnología del cobre en el Calcolítico […] y a partir de esa investigación surgió la idea de hacer un proyecto divulgativo, didáctico, haciendo talleres en colegios, institutos, museos, en festivales como este…” La clave, nos cuentan los miembros de este colectivo, es hacer una actividad “donde la gente pueda experimentar lo que es la arqueología sin perder el criterio científico […] Esto no es un experimento, es una experiencia, y que la arqueología sirve para comprender las sociedades que hay detrás de los materiales que aparecen en los diferentes yacimientos”. Grandes y pequeños manipulan ellos mismos las perlas de cobre y descubren en primera persona, con asombro y curiosidad, las diferentes reacciones químicas del metal en una pequeña fragua construida en el suelo.

Viajes extraordinarios

De vuelta al escenario principal, la Compañía Brillantina, recién llegada de México, nos propone un viaje por el tiempo y por el mundo con ‘Emiliano, el último niño del mundo’. Una fábula donde no faltan dragones, color, música, buena compañía y un importante mensaje que cala entre los espectadores más jóvenes: “Es una historia un poco personal y en lo que yo creo: la vida, el amor, y el cuidado de la naturaleza”, confiesa Livier, autora de esta pieza que tiene un mensaje y una historia cuya trama fascina a los pequeño y también llega a los adultos.

¿Por qué viajan las maletas?” Es lo que se preguntan Andrea Lalao Thunder y Roberto Alonso, alias Lalao & Pelele Company, que desde el norte de Burgos nos traen cuatro historias entrelazadas con sus diferentes caminos, tramas, kilómetros y memorias: “Nos hemos preguntado por qué las personas, en un momento determinado, tienen que hacer la maleta, sobre todo en momento claves de la vida. Intentamos hacer un viaje poético de nuestras experiencias vitales, de nuestras familias […] con teatro gestual, teatro de objetos y marionetas”.

La música también nos transporta. La música, alegre y vitalista, que de cuando en cuando nos regalará la Orquesta Malphino durante estos días. También el olor de la cocina de Alimentación Sagrada, que inunda los jardines y despierta nuestro apetito. Falafel de lenteja germinada, noodles de arroz con verduras, dulces de limón con coco… Hacemos un pequeño alto para reponer fuerzas. Sabroso y exquisito.

Teatro mínimo y explosión máxima.

Edén’ de Théâtre Jaleo está a punto de abrir sus puertas. Tampoco tardará en comenzar la propuesta de Articulario en su propio escenario. Pero dado que ambas compañías repetirán espectáculo, nos las guardamos para la sesión nocturna del sábado.

Frente a la carpa principal, pegado a la primera fila, Theatre Marionbrand, de Ucrania, ha montado su propia escena. Un decorado cuyo elemento más alto no supera el tamaño de un folio. Un banco de madera, una cabina de teléfonos, una farola de luz tenue… y un desventurado protagonista con el que el cerca de medio centenar de espectadores que nos arremolinamos lo más cerca posible compartiremos un misterioso encuentro… de otro mundo.

Si ‘Dziadek/Abuelo’ se basa en la gestualidad de unos títeres de mesa que se comportan como protagonistas de un slapstick de cine mudo, Dawe Trankitenso y Santa Mari, de Guadalajara, basan su propuesta en un incesante intercambio de palabras, rimas y sonetos urbanos. “Aquí estamos representando costumbrismo de barrio, las raíces, la esencia, la música, la cultura y la familia.” Juventud, sueños, ambiciones, resignación y -percibo que- ciertas notas autobiográficas componen este retrato sonoro, rítmico y reivindicativo de una generación ansiosa por demostrar su talento y su valía. Una propuesta completa y radicalmente diferente a todo lo visto hasta ahora como broche, ya pasada la medianoche, a esta primera jornada de Titiriguada 2022.

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